
El primer auto argentino fabricado en una cadena de montaje parece escapado de la serie
“Los Locos Adams”. Entre 1958 y 1961,
IKA produjo más de ocho mil
Carabela en Córdoba.
Su diseño estaba basado en el
Kaiser Manhattan norteamericano.
Tenía un motor 6 cilindros de 3.7 litros y 116 caballos. Las
publicidades resaltaban dos detalles de lujo para los ocupantes de las
plazas traseras:
"cenicero con encendedor y luz de cortesía".
Sin embargo, no todas eran comodidades: para cambiar una rueda trasera
había que retirar gran parte del carenado que ocultaba el neumático.
Su
imagen solemne lo convirtió en el auto favorito de médicos y abogados,
aunque en sus últimas épocas también cumplió su destino inexorable de
carroza fúnebre.
Hace ocho años,
Alfredo Curia unió
Buenos Aires con Alaska al volante del Carabela que perteneció a su
familia desde cero kilómetro. Recorrió 16 mil kilómetros, gastó 2.300
litros de combustible y no sufrió ninguna avería
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